Hace tiempo unos cuantos tuiteros estuvimos debatiendo sobre la aceptación de los tatuajes dentro de un hospital. Salieron a la luz muchas ideas interesantes y me gustaría trasladarlas aquí.
Bien, la cuestión que os planteo es simple: cambia en algo la atención que proporcionas a tus pacientes si vas lleno de tatuajes, colmado de piercings, con el pelo de colores o una explosiva combinación de todas? Mi opinión es que no, como podréis imaginar. Si estás leyendo esto lo más probable es que coincidáis conmigo. El caso es que mucha gente opinaba lo contrario, bastante más personas de las que me imaginaba. Por eso he decidido mover aquí el debate, exponer las dos posiciones y ver qué pensáis, en qué situación estamos.
Bien, la teoría es fácil: por muchos tatuajes que lleves, por muchos aros que te perforen la nariz, por muy estrafalario que sea el color de tu pelo, no vas a trabajar ni mejor ni peor no? Tus actitudes y aptitudes son las que son y están ahí.
Por otra parte, es la misma teoría la que nos dice que una de las necesidades básicas de un paciente es la seguridad y aunque nos pese, mucha gente, sobre todo mayor, no se siente segura/cómoda ante apariencias poco comunes.
Una de las cosas que dije aquel día fue que si una persona no debería tatuarse porque su trabajo se lo impide, una persona con la cara desfigurada por un accidente tendría el mismo problema. La gente me decía que eso no es lo mismo, que eso no es una elección. No sé.
Realmente importa eso? Por qué si algunas compañeras van con las uñas kilométricas y pintadas o el pelo suelto todas divinas no decimos nada y aquí sí?
Qué opináis?
Si estás leyendo esto y no eres enfermero, presta atención, te voy a explicar unas cuantas cosas de nosotros que necesitas saber si quieres ser amigo de uno de nosotros.
1- Tenemos conversaciones escatológicas: probablemente no seamos la mejor compañía para personas muy susceptibles, especialmente a la hora de comer. Si coincides en la mesa con más de un enfermero mejor que huyas, no estás preparado para comerte una mousse de chocolate mientras debatimos sobre la consistencia de ciertas melenas o el majestuoso contenido de un quiste sebáceo.
2- Somos una farmacia ambulante: si necesitas algo, somos el Walter White de lo legal, puedes acudir a nosotros. Desde antiácidos hasta Fortasec, nuestra mochila es un conglomerado medicamentil maravilloso.
3- A veces hablamos sólos: si alguna vez crees que lo que te estamos diciendo carece de todo sentido,no te preocupes, no va contigo. Sí, se nos va. No es común a todos, aparece con la edad por deformación profesional progresiva. Dentro de un hospital fijamos los conceptos así.
4- Tenemos una seria adicción a la cafeína: puedes notar que nos tiembla un párpado o que hablamos por los codos. Otras veces tendremos una bajona propia de una menopáusica deprimida. Es nuestra ambrosía, nuestro combustible espiritual, nuestro maná. Hay una regla fácil para tratarnos: si tenemos un café en la mano quítanoslo, y si no lo tenemos pídenos uno.
5- Tus venas nos provocan cierto erotismo: notarás que a veces nos quedamos embobados mirando tus brazos, como en trance. Tranquilo, no todo el mundo te quiere frungir. Es un fenómeno bastante común. Los enfermeros sentimos una inexplicable sensación al ver venas, sobre todo dilatadas. A mayor calibre de las mismas, más saliva segregamos. Si oyes cosas tipo : "te clavaba un 14", no te asustes, no es nada sexual.
6- No nos preguntes por tu salud: no somos los indicados para emitir diagnósticos en base a los síntomas que nos dés. Lo más probable es que acabemos soltando la primera subnormalidad que se nos pase por la cabeza y te acojones.
7- Somos personas-Guadiana: tendemos a desaparecer durante episodios de tiempo variable, los turnos de noche y las peonadas en causan estragos en nuestra vida social. Puede que no nos veas varios días seguidos pero tranquilo, volveremos.
8- Tenemos bastantes manías que el resto de tus amigos no tienen: puede que nos lavemos las manos más de lo normal, que quitemos los envoltorios de las cosas sin tocar el interior...etc
9- No cometas el error de pensar que por ser sanitarios somos personas sanas: fumamos, bebemos y comemos mierda por encima de nuestras posibilidades, y no preguntes por qué. ( En serio, no lo hagas).
Amigos, Teresa está bien. Una vez más, y ya no se pueden contar, el universo ha conspirado para salvar el culo de un responsable sanitario (y yo que me alegro). Ahora bien, si el fin no justifica los medios, el final no debería perdonar las cagadas. Intentarán envolvernos de la felicidad de la curación de nuestra compañera para esconder, una vez más, sus fallos, y no podemos permitirlo.
Todos tenemos parte de culpa en esta crisis económica acuciante, por dejarles hacer y permitírselo todo, por mirar hacia otro lado porque las cosas iban bien. Incluso en plena crisis, carentes los altos cargos de toda consistencia moral, siguen robando y organizando sus juegos del hambre metafóricos, entre Jordis Puyoles y tarjetas Black, mientras nosotros enviamos SMS para que el imbécil de turno no abandone la casa.
Es hora de que eso cambie. Es hora de que entre todos vayamos plantando semillas de responsabilidad y les hagamos pagar por lo que han hecho.
No olvidemos que se trasladó a nuestro país a un paciente portador de una enfermedad "incurable", sin disponer de las instalaciones ni el protocolo necesario. Se localiza al responsable y se le mete un paquete.
No olvidemos que se forzó a responsables sanitarios a hacerse cargo de la situación sin preparación, formación adecuada, sin medios de aislamiento funcionales ni seguridad en su trabajo. Se localiza al responsable y se le mete un paquete.
No olvidemos que una compañera se contagió y estuvo una semana en el limbo, y se nos ha ocultado el motivo real. Se investiga el motivo real, se localiza al responsable y se le mete un paquete.
No olvidemos que la compañera en cuestión se enteró de su enfermedad por la prensa, por la irresponsabilidad de algún profesional sanitario, en lo que corresponde a una clara violación de la intimidad del paciente. Se localiza al responsable y se le mete un paquete.
No olvidemos que, constantemente, la intimidad de los pacientes en aislamiento fue dilapidada por la prensa ante la permisividad del hospital. Se localiza al responsable y se le mete un paquete.
Vamos a girar la cabeza una vez más porque total "todo el país es una mierda" o intentamos eliminar esa mierda poco a poco?
Voy a repetir mucho la palabra incompetencia en esta entrada. Por un lado los políticos, y por otro, tan sangrante o más, los periodistas.
Empecemos por la "casta" .Parece que nuestros políticos querían ser los primeros en algo en Europa, aunque ese algo fuese el contagio de una enfermedad. Y lo han conseguido.
Una trabajadora de un hospital madrileño ha contraído el Ébola durante su horario de trabajo, en un claro y grave fallo del protocolo de seguridad que algún lumbreras ha ideado.
A qué se debe esto, a la falta de medios? NO, a la incompetencia de alguien.
Ante la falta de medios, se analiza la situación y no se trae a nuestro país a un paciente enfermo, arriesgando la seguridad del resto de la población. Ante la falta de medios, busca otra solución. Esto es incompetencia pura y dura. Todos sabréis que en un accidente múltiple si no hay manos suficientes las víctimas más graves se dejan morir. Es esto crueldad? No, es maximizar las posibilidades y minimizar los riesgos. Pues esto es lo mismo.
Como bien indica Javier Ruiz Martínez en uno de los tuits del año, nuestra clase política es tan lamentable, tan incompetente, que ha creado de la nada una crisis sanitaria a nivel nacional, con un gasto económico enorme que , como siempre, nunca se nos revelará.
Y es que la cagada ha sido de libro. A poco que buceéis por internet, encontraréis fotos de las medidas de "aislamiento" que se llevaron a cabo:
Trajes sellados con cinta aislante que parecen hechos a mano por mi abuela, mamparas para que el virus se acojone y se dé la vuelta, trabajadores con traje de aislamiento al lado de trabajadores que no lo llevan....un esperpento.
Y que esto sirva de crítica a nuestra clase política, y DEFENSA de nuestros profesionales sanitarios. Estoy seguro de que no contaron con los medios adecuados, les cargaron el marrón y se apañaron como pudieron, nada que decir.
Ahora, con cuánta gente ha estado en contacto la trabajadora afectada? Habrá más casos? Sabrán frenarlo? Con nuestra clase política, el miedo asoma en cada esquina.
En segundo lugar, me gustaría criticar la incompetencia de los periodistas de este país. Es necesario crear un ambiente de caos, crear miedo en la sociedad? Son necesarios titulares como este?
Yo creo que no. Yo creo que lo necesario es informar. Informar no es asustar. Informar es documentarse y hablar con propiedad, pero la incompetencia en este país ha llegado a un puto en el que no podemos ni leer un periódico sin sentir vergüenza o que nos engañen en algún modo.
Terminemos con Ana Mato. Mi opinión es que la Ministra de SANIDAD, así como de cualquier ámbito, debe tener una formación al menos relacionada. Quiere usted ser ministra de sanidad? Es médico, enfermera, auxiliar, farmacéutico...? Pues lo siento mucho.
Espero que dimita, no sólo por esto, sino por su inutilidad total. Y sabéis qué molaría? Que nos dejaran elegir a su sucesora, pero ni para eso valen.
Hola a todos, me veo obligado a escribir una entrada en el blog para expresar unicamente MI OPINIÓN al respecto, pues esta tarde ha sido una locura.
Para quien no lo sepa, están empezando a circular noticias y comunicados de organizaciones como el Satse, según las cuales dentro de poco se podrá obtener el paso de diplomado a graduado en enfermería.
Bien, esta "convalidación" se obtendría sin ningún tipo de coste económico para el interesado, así como sin hacer ningún curso. Automáticamente.
Después de esta noticia, Twitter ha estado estado ardiendo durante toda la tarde. La gente, sobre todo graduados y diplomados haciendo la convalidación, ha explotado, como es normal.
Desde que se estableció el grado a los nuevos estudiantes se les requerían 4 años en lugar de 3, un nivel B1 de un idioma y un trabajo fin de grado que suele consistir en un proyecto de investigación.
Esto supone un año más de gasto, un año más de matrícula, un coste en academias ya que el nivel B1 de idiomas tenías que sacarlo por tu cuenta....etc.
A los diplomados que querían conseguir la convalidación se les pedía un año con sus prácticas, el idioma, el consecuente trabajo de fin de grado, y una suma de dinero importante. Además las plazas estaban bastante limitadas (25 para toda la universidad de Santiago de Compostela).
Yo creo que la gente tiene derecho a quejarse. Se han gastado más, han tenido que estudiar un año más y están en su derecho presentar sus quejas. Estoy de acuerdo. Estoy de acuerdo también en que a los diplomados que han hecho la convalidación se les ha ESTAFADO. Se les ha vendido una necesidad imperiosa de ser graduado, pues iba a ser imprescindible para trabajar en el futuro, y se ha visto que no es así.
Como he dicho, yo soy diplomado, y esta medida me parece bien. Quizás esté siendo egoísta pero obviamente me beneficia muchísimo. Consideraba estúpido que terminando una carrera en 2010, nos obligasen a volver a estudiar y pasar por caja sólo 2 años después. Creo además que tanto graduados como diplomados merecemos el mismo trato, pues todos somos iguales. Y de ahí viene lo de esta tarde.
Una serie de personas han estado tuiteando a lo largo del día de hoy con el hashtag #DUEnoesGRADO. Allí se quejaban de muchas cosas, y había un poco de todo, pero no han sido pocos los que se quejaban del tema diciendo que los graduados, pues han estudiado un año más, tienen muchos más conocimientos y están mejor preparados para trabajar que los diplomados. Esta sensación de superioridad de una minoría ha provocado que la gente se enfade entre sí, provocando bullas por doquier. La gente analizando las horas que llevaban una y otra, los créditos....He recibido del orden de 100 menciones esta tarde, y mensajes de todo tipo, y sólo quería decir un par de cosas:
- Hay ATS que tienen un conocimiento y unas habilidades más amplias de las que nunca tendré yo, sea Due o Gue.
- Si algunos creen que están preparados para trabajar en un hospital nada más terminar la carrera, se van a llevar una hostia como un piano.
- Estamos en crisis. Posiblemente atravesemos el peor momento en cuanto a oportunidades desde que la enfermería es universitaria, así que dejémonos de estupideces y rememos en una misma dirección.
- Nota: la historia aquí descrita es real, la paciente es real, aunque omito su nombre por motivos obvios. Recomiendo leer con esta canción de fondo:
- Es ella! Joder qué fuerte!
- - No me lo puedo creer!
Mi primera rotación de prácticas
hospitalarias fue en UCI. Duraron algo más de un mes y aprendí que la “I”
significa, además de intensivo para el paciente, intenso para el cuidador.
Me habían soltado allí con los ruedines,
con el pijama de leche, y , como siempre, tuve que aprender a sobrevivir.
Entre un constante y ensordecedor ruído de máquinas
pitando, drogas intravenosas y colchones antiescaras. Entre una mezcolanza de
olores que a veces preferiría no describir, las emociones se sucedieron.
Emociones e historias.
Hoy vengo a contaros una de esas historias.
Es curioso cómo a veces, los pacientes a
los que más cariño coges son aquellos con los que es imposible comunicarse.
Cuando un tubo de plástico les atraviesa las vías aéreas y son privados de la
bendición o tortura de estar despiertos, están completamente bajo tu cuidado , y
eso os une .
Te interesas por ellos, por su historia,
por los motivos que le han llevado a esa situación, y por cosas insignificantes
que no te interesarían en un paciente normal. Dentro de una UCI todo se
cataliza.
Aprendí muchas cosas en esas prácticas.
Aprendí a fabricar un lazo de agarre para el tubo que haría palidecer al
marinero más experimentado. Aprendí a elaborar una perfusión de mierda de la
buena, que dejaría grogui a una persona durante el tiempo necesario. Aprendí
incluso los valores normales de una jodida analítica. Pero aprendí algo más,
algo que tiene utilidad fuera de los muros de un hospital.
En uno de nuestros típicos descansos para
el café,eché la ojeada matutina a los
titulares del periódico. Los titulares eran los de siempre:
-El típico incendio en un local del centro
originado por una vela.
-La enésima promesa incumplida del gobierno.
-Otro accidente de moto de dos jóvenes.
-El caso de violencia de género matutino.
Lo normal, por desgracia. Los periódicos
estos días desaniman a cualquiera.
Volvimos al curro, y terminamos las tareas
que quedaban para todo el turno, salvo imprevisto.
Me aburría. Me aburría tanto que comencé a
leer los historiales de mis pacientes. En uno de ellos, entre gasometrías,
electroencefalogramas y antecedentes, se podía leer:
“Motivo de ingreso: accidente de tráfico”
- - Es ella! Joder qué fuerte!
- - No me lo puedo creer!
En efecto. Era ella.
Había ingresado esa misma mañana,
justo antes de que yo entrara, por el accidente ocurrido de madrugada.
Su historia es ésta: había
faltado a clase esa mañana por estar con su novio. La había recogido en moto
cerca de casa y , de camino a donde sea que se dirigieran, habían tenido el
accidente. Ella no llevaba casco, y se llevó toda la fuerza del golpe. Él iba
drogado. Sus padres pensaban que estaba en el colegio, y la llamada que
recibieron no quiero ni imaginarla.
El caso es que allí estaba,
inconsciente. Su pronóstico, muy grave, sus posibilidades, pocas.
Una persona de mi edad, con todo
por vivir, con todo por hacer, allí.
Piensas que podrías haber sido
tú. Que en cualquier momento las desgracias que te son ajenas pueden dejar de
serlo, que no eres invulnerable.
Yo no era su enfermero, nunca lo
fui. Estaba al cuidado de compañeros míos , pero eso no me impidió interesarme
por su evolución.
Todos los días le hacía una
pequeña visita, para saber cómo se encontraba.
He de decir que no albergaba
muchas esperanzas. Las primeras semanas fueron poco alentadoras.
Cada pequeña visita diaria que
hacía empeoraba la sensación. De un día para otro: medidor de presión
intracraneal, constantes que empeoran, médicos dejando caer lo peor, enfermeras
desalentadas…. Cuando llegó la craniectomía descompresiva la di por perdida….
Pero no.
Nunca hay que perder la esperanza
chicos, pues es lo único que Pandora tuvo ovarios de rescatar.
Mejoró.
Llegué una tarde y me dijeron que
la situación había mejorado muchísimo, que tardaría, pero se recuperaría.
Fui a verla, y descubrí que la
infinidad de tubos que tenía conectada se redujo a la mitad. Se veía mejor,
desprendía vida, y esbocé una sonrisa.
Los días pasaron, y entre
exámenes y fiestas estaban las prácticas. Atendí y cuidé de muchos pacientes en
ese periodo, pero seguía haciendo un hueco para visitarla. Me sentía obligado a
hacerlo. Y en una de esas visitas, algo mágico pasó.
La despertaron. La desintubaron y
poco a poco recobró la consciencia. Volvió al mundo de los vivos, y abrió los
ojos. Abrió los ojos y me miró.
Unos bonitos ojos marrones que,
aunque probablemente estuviesen mirando al infinito, me atravesaron.
Fue la primera vez que vi a
alguien despertar de un coma, y fue una sensación maravillosa.
Al día siguiente volvimos a
visitarla, y nada más verme, me saludó. No me conocía de nada, sólo me había
visto el día anterior, y no podía ni hablar, pero agitó una mano y me saludó.
Es una de las experiencias más
bonitas que he podido sentir enfundado en un pijama. Son estas cosas las que
reafirman tu vocación, las que te hacen seguir día a día.
Los días pasaron y nosotros
seguíamos viéndola a diario, charlando con ella cuando pudo hablar, hasta que
las buenas noticias se sucedieron. Todo estaba mejorando y podía subir a
planta.
- - Síi joder!! Eso es! – grité para mis adentros.
La alegría se apoderó de mí.
Fue raro volver a la unidad y
que, por primera vez en un mes, no estuviera allí, aunque fuesen buenas
noticias. Cuando estás un mes con un paciente y ves su cama vacía u ocupada por
otro, es raro.
Seguimos un tiempo allí y , unos días antes de
terminar la rotación, la supervisora nos llamó:
- - Tenéis visita.
Cuando salimos y vimos que era
ella, no nos lo podíamos creer. Iba en silla de ruedas porque aún estaba débil.
Sin embargo, tenía una sonrisa de oreja a oreja, y desprendía una vitalidad que
decía a gritos: “miradme,he podido con
esta mierda”.
El motivo de su visita? Era su
cumpleaños, tenía bombones y estábamos invitados a la fiesta en Medicina
Interna.
No llegó a decirnos nada, pero de
su cara , su sonrisa y su comportamiento se desprendieron 2 palabras:
El despertador
destroza mi sueño y me devuelve al mundo real. Como recompensa yo
destrozo el despertador contra un muro real. Me despierto a una hora en la que
la mayoría duerme.Miro por la ventana mientras me deslegaño. El señor que pone
las calles aún no ha venido. El cielo sigue negro, negro como el café que me
tomo para afrontar el día que me espera. Me mantengo fáciles 10 minutos mirando
al infinito, admirando las formas que toman los Choco Crispies flotando en la
taza. Nada tiene sentido.
Entrañables borrachines estirando el calor de un After
amenizan el trayecto al mismo, y me hacen plantearme muchas cosas.
En los vestuarios nos cambiamos todos juntos, la vergüenza
es un vicio no permitido en esta profesión.Se habla del partido de ayer, delnuevo vídeo friki de turno, de los que salieron ayer porque hoy
libraban, de cómo tenemos el día…y fichas, muchas fichas. Campos de fútbol de
fichas que, debido a nuestra ajetreada agenda, hay que soltar cuando nos vemos.
De blanco pringao , salimos a patear en los huevos al estrés
y el cansancio. Somos el ejército empijamado y estamos juntos en esto. Entramos
en planta y cambiamos el chip. Cambiamos las risas por las sonrisas, las bromas
por los las ganas y el pasotismo por el interés. Estamos en el otro lado.
Lo primero que haces al llegar a un nuevo día de prácticas
es escoger la enfermera que más te explique y aconseje y bla bla bla…..
MENTIRA!
Escoges a la que más te deje hacer, con supervisión y
consejo, pues es así como se aprende.
Por llegar un poco tarde, te sueltan la mítica:
-Venga, que vamos retrasados, he empezado con las
analíticas y las curas, te he dejado los controles.
Uy mecachis pero qué considerada! Muy mamable por tu parte.
Qué le vamos a hacer, los controles son el “dar cera, pulir
cera” de los enfermeros no?
-Y las tensiones a mano, que es más fiable.
Sí hombre! Y eso me lo dice la que monta un campo estéril
para luego usar guantes normales.Perra!
Da igual, son las primeras prácticas y tú dices que sí a
todo.
Café.
Poco a poco vas aprendiendo a moverte como pez en el agua.
Sacar sangre, poner vías o pautar sueros deja de ser un drama o un galimatías,
para convertirse en tu día a día. Se atisban los primeros brotes de tu forma de
trabajar. Intentas aprender todas las técnicas, pues cada maestrillo tiene su
librillo, para después terminar teniendo las tuyas propias.
Los tapones amarillos, gasas y compresor comienzan a ser
inquilinos habituales de tus bolsillos ( y permanentes en tu taquilla). Las
tijeras se convierten en uno de tus mejores amigos y descubres la infinidad de
utilidades del esparadrapo de papel (bendito sea). No entiendes por qué se
guardan en la misma caja los dos tipos de apósitos existentes (los que no se
pegan y los que no se pueden despegar). Una colección policromática de manchas
de mierda sirven como marcas de guerra en tu pijama, y como tu currículum
vitae.
Eres fuerte, cada vez más, y creces. Donde veías un drama,
ahora ves un problema por solucionar. Donde veías un problema, ahora sólo ves
trabajo y donde veías trabajo, ahora ves aprendizaje.
Café.
En los descansos se comenta la mañana . Para el cerebro,
café. Para el ánimo, chocolate. Para todo lo demás, tus amigos. Esas
interminables risas en la cafetería de personal con tus compañeros , con los
que compartes tanto, son la mejor energía para volver a planta con ganas.
Y el trabajo de espera, toneladas de trabajo. Siempre se
acumula cuando vuelves del descanso y algún día le daré una hostia a Murphy por
eso. Montañas de sueros se apilan a mi alrededor. Toneladas de medicación me
esperan y a veces me siento más como un camarero que como un enfermero.
Purgando sueros como tirando cañas, la mañana se pasa volando.
En los pocos ratos de descanso , en los que puedes sentarte
en el control, llega la supervisora (Murphy, te debo otra), y se inventa alguna
tarea tan importante e imprescindible que si no hay gente de prácticas no se
hace.
Pero bueno, se acaba por hoy. El día? No amigos, esto es
ENFERMERÍA, tenemos escasas 2 horas para comer y por la tarde a clase.
En una clase llena de columnas que nos tapan la vista,
nuestras caras nos delatan y consiguen que los profesores sean benévolos. Me pasan un papelito: cañas y póker al
salir de clase.
A eso de las 11 llego a casa. Sin cenar, sin ducharme y sin
haber estudiar para el examen de la semana que viene. No puedo dormir, he
tomado demasiado café. El sueño hará presa de mí mañana, pero sabemos cómo se
arreglará.